lunes, 29 de febrero de 2016

Resonancia Magnética: No es lesión todo lo que reluce.

La resonancia magnética (RM) es una prueba médica que permite ver, con gran precisión, las estructuras del interior de nuestro organismo. Se utiliza para diagnosticar y tratar numerosas patologías. Si hacemos una RM de la columna vertebral obtendremos una imagen en la que se podrán ver con detalle las lesiones o anomalías que pueda haber.






     El problema, aunque pueda parecer ilógico, viene a la hora de decidir si esas anomalías que se han visto en la RM, son o no son una lesión. ¿Quién lo decide? ¿Tu médico? ¿Un grupo de especialistas? ¿Tú? No, lo decide tu cerebro.

     En buena lógica, las RM realizadas a personas sin dolores de espalda, deberían arrojar unos resultados libres de lesiones o anomalías en sus estructuras vertebrales. La realidad, que se empeña en llevar la contraria a la lógica, es que las espaldas indoloras suelen arrojar tantas anormalidades o potenciales lesiones como la mayoría de las dolientes. Entonces, ¿por qué no duelen?
Una de las claves más importantes del dolor es que, la existencia de daño o lesión, no es causa suficiente ni necesaria para tener dolor. Hemos de conocer cómo funciona el dolor para poder manejarlo.

     La lesión de espalda es uno de los padecimientos más comunes del homo sapiens sapiens, es una de las cicatrices evolutivas (más información). Y es que pasar de andar a cuatro patas, como nuestros antepasados homínidos, a hacerlo erguidos, no fue ni es gratis. La columna vertebral de nuestros antepasados, caminaba paralela al suelo, sin tener que soportar el peso de nuestro cerebro y hombros. Nuestra posición bípeda trajo muchas ventajas pero también inconvenientes, nuestra espalda sufre y se desgasta mucho más.






     Muchos Homo sapiens sapiens van a consulta porque tienen dolores en la espalda. Les hacen una RM que arroja un resultado normal, osease, una espalda con desgaste, algún que otro daño... Los facultativos, como es lógico, cavilan que esas lesiones son la causa de los dolores. El pobre homo sapiens sapiens se queda atónito cuando le dicen que tiene degeneración en los discos D11 D12, L1 L2 y L2 L3, y nadie le explica que, es una lesión muy común en su especie, en muchos casos provocada por el proceso de envejecimiento normal, y que no tiene por qué provocar dolor.

     A raíz de este episodio, empieza a comportarse como un enfermo, poniendo toda su atención en las "lesiones" de su espalda. Su postura debe ser siempre correcta, ya no juega con los niños por si acaso algún mal gesto agrava su problema, no levanta pesos, hace ejercicios para fortalecer su core (la zona de la cintura), evita esas salidas al monte...
Curiosamente, tomar todo tipo de precauciones para con su espalda y fortalecerla, lejos de aliviar, no ha hecho más que aumentar sus dolores. ¿Qué está pasando? Lo que ocurre es que se ha metido en el círculo del dolor.





     El dolor, en último término, siempre es una valoración cerebral, haya o no haya tejido dañado (más información). Es una construcción cerebral, una percepción más, como la vista o el oído,  fabricada por el cerebro. Porque los tejidos no tienen la capacidad de doler (más información). Tú sentirás el dolor en tu espalda, pero el dolor no surge ahí, es tu cerebro el que crea el dolor, en respuesta a toda la información que le llega. La información del estado de los tejidos, le llega por medio de unas neuronas especializadas no en detectar dolor, porque el dolor no es una entidad detectable, sino en detectar estados nocivos, llamadas nociceptores (más información).

     Pero además de esa información física, tu cerebro prevé, teme, planifica, interpreta... en todo momento, y eso de que le digan que tiene degeneración en los discos D11 D12, L1 L2 y L2 L3, que tú te angusties, que pongas toda tu atención en la espalda... le suena fatal y hace que se ponga en guardia. Y el dolor no es más que una alarma que utiliza para avisarnos de que algo va mal.

     Lo primero y más importante es evaluar concienzudamente esas lesiones, para ver hasta que punto son serias. En el vídeo que te pongo más abajo, el profesor Peter O´Sullivan, calcula que el 90 - 95% de los pacientes con dolor crónico en la espalda no muestran lesiones en la RM que justifiquen esos dolores. Tienen espaldas normales. Quiere esto decir que para ayudar a un 10%, corremos el riesgo de meter en el círculo del dolor, a un 90%.

     Es más, aunque tengas una lesión seria que precise cirugía, la focalización de toda tu atención en la espalda, el adoptar una conducta de enfermedad, el miedo ante una lesión o la angustia por la falta de mejora, van a hacer que tu cerebro se ponga en guardia. Hay muchos casos de graves lesiones de espalda indoloras, porque la persona no sabe que la tiene y el cerebro no ha percibido peligro. Evidentemente si tienes una lesión grave, has de tratarla, pero ten en cuenta que la alarma que emite tu cerebro, el dolor, no depende siempre de la gravedad de la lesión. El dolor y la gravedad de la lesión no van de la mano. Tu forma de manejar esa lesión y el dolor, si.


     En el vídeo se ve cómo algunas personas, que vivían realmente impedidas por su dolor, pasan a tener una vida normal. Y no lo consiguen gracias a una cirugía prodigiosa o a un analgésico de última generación. Lo consiguen gracias a un cambio en la percepción y el manejo de su lesión.








Referencias:

arturogoicoechea.com


   
   

No hay comentarios:

Publicar un comentario